Se acercaba el alba, apenas se alcanzaba a ver entre la niebla que cubría la montaña en esta mañana. A esta hora quedaba el recuerdo de la noche anterior en que el alcohol era mucho y se olvidó controlar impulsos o construir memorias. Ahora sólo existe el sol saliendo y unas huellas que recuerdan el camino por el que pasó aquel hombre; no era mucho lo recorrido pero el tiempo aún es poco para hacer costumbre. Eso pensaba mientras cogía un tabaco y el aire que entraba salía como dejando atrás lo vivido; sabía que no podía regresar ni quedarse a medio camino, pero aún así decidió esperar en esa roca el nuevo amanecer.
Sentado ahí, con esperanza, recordó las voces que antes le perseguían, los duendes entre las ramas y aquellas imágenes que antes de hoy hacían de verdugos. También recordó cómo estos verdugos desaparecieron con la decisión de no dejarse limitar, ahora que sabía estos límites fueron creados por él. Junto con ellos, el humo de cigarro se mezclaba con el aire puro del amanecer y dejaba ver en el horizonte las montañas por recorrer.
Este era el principio de un largo viaje, posiblemente los últimos cigarros, y no los últimos demonios por vencer. Ahora sólo tenía con el la ropa que vestía y un nuevo amanecer por delante; no necesitaba más, aunque un poco de compañía no hubiera estado mal. A este momento recordó que lo que deseamos se hace realidad, deseo estar al final de las montañas, al abrir los ojos... la misma roca, el mismo cigarro; a veces los deseos se hacen realidad cuando nosotros hacemos que pasen y no sólo pensándolos, a veces hay que tener cuidado con lo que se desea.
El sol saludó con sus primeros rayos y entonces comprendió que la única compañía en estas montañas sería la suya, que los únicos pasos serían los suyos y el único significado de este trayecto sería por el. El alba era ya y las horas más frías quedaron atrás, pero no la esperanza.
Ahora caminaba y aunque los demonios seguían acechando, sabía que no eran más reales de lo que los dejara ser. Este era el principio de su largo viaje, había empezado ya; sus pasos marcaban el camino y su mirada respiraba esperanza, nadie más podía hacerlo, nadie le quitaba la oportunidad en triunfar, nadie más que el mismo.
23 de agosto de 2009
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