El mundo va siendo una serie de instantes acomodados por nuestra percepción (experiencia), la manera como actuamos, pensamos y decimos, va relacionada también con estos. El problema está cuando queremos vivir de una manera, creemos vivir de otra y manifestamos otra, porque nuestra energía entonces se mueve hacia diferentes partes, sin lograr alcanzar alguna, más que rozarla para pasar a la siguiente. Y es dentro de este mundo de muchos mundos que despejamos esta nuestra mente para darnos cuenta de muchas realidades, del otro como persona y de mi como actor y creador de este mundo.
Adán y Eva (la humanidad) comieron de aquel fruto prohibido (lenguaje), la serpiente (conocimiento/experiencia) se los ofreció (desarrolló) y comprendieron (hablaron). Desde entonces podemos nombrar al mundo, comunicarnos con otro Tu y este existir en tanto que lo hacemos presente, en tanto lo hemos medido y clasificado en relación a nosotros mismos, y entonces damos nombres a las cosas... y existen, y significamos... y el recuerdo.
En este mundo en que somos creadores de nuestra realidad, es decir, le damos nombre y significamos a nuestro antojo, pasa que lo hemos llamado en crisis, sin querer afrontar la responsabilidad de nuestro desarrollo; y pasa que somos muchos como para no existir quien comience a responsabilizarse por si mismo. De esos pocos (o muchos) es que vale la pena replicar, hacer conciencia, y entonces vivir en base a unas creencias concientes y encauzadas, y no sólo presentes.
25 de septiembre de 2009
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