24 de junio de 2009

Miedo

¿De qué sirve? Es una de las sensaciones más desagradables que puede generar el cuerpo humano. Puede llegar a arrastrar por completo a un individuo al pánico y nos ha llevado como especie a tomar muchas malas decisiones, a través del tiempo (como sucumbir ante cultos, guerras, fanatismos). Incluso en la actualidad, es impresionante la forma en la que el miedo nos rige (sólo hace falta ver nuestra economía). Nuestra propensión al miedo es un mecanismo de defensa que viene de un cableado muy bien cimentado en el cerebro.

Es la respuesta a un estímulo inmediato. Esa sensación vacía en las entrañas, la aceleración inmediata del corazón, el nerviosismo y, por supuesto, la sudoración excesiva de las palmas es el cerebro simplemente respondiendo en una forma preprogramada a una amenaza muy específica. Por lo tanto, sin necesidad de decirlo, tiene una función bastante práctica, sin la cual ninguna especie podría sobrevivir ante un ambiente lleno de constante peligro. Existen muchas estructuras, tanto mentales como físicas, involucradas en crear la cascada de eventos que desembocan directamente a este mecanismo defensivo.

Es cierto que ya traemos el hardware instalado para sentir miedo. Los trayectos anatómicos han sido estudiados extensivamente en años recientes. Mucha de la evidencia viene de estudios involucrando la modalidad auditoria (ruidos que asustan) en ratas. La información acerca de los estímulos condicionales es transmitida a través de los tractos sensitivos del tálamo y corteza, y de cada una de estas regiones cerebrales a la amígdala. El camino bajo o talámico (el más básico evolutivamente) provee a la amígdala con una representación rápida pero imprecisa del estímulo; mientras que el camino alto o cortical (el sistema más avanzado) da una representación más compleja basada en computaciones corticales.

Como se puede ver la amígdala tiene un papel principal en el miedo (y en casi todas las emociones). De hecho, no importa qué clase de estímulo se use para encender la amígdala, no importa qué clase de respuesta se mida como respuesta de miedo, ni siquiera importa en qué clase de animal se experimente, incluyendo humanos, si si tiene una amígdala, esta está involucrada en el procesamiento del miedo.

Pero también existe un cierto componente aprendido, como todo estímulo externo, entre más se practica más arraigado queda a lo que se le conoce como estímulo condicional. Y aquí le paro porque no me quiero meter con problemas celulares o bioquímicos.

A pesar de los contras que pueda tener, el miedo es nuestro amigo. Es un indicador. Nos demuestra lo que debemos hacer y muchas veces más nos demuestra lo que no debemos hacer. Para saber qué es lo que quiere decir sólo tenemos que preguntarnos ¿Qué es lo peor que puede pasar? y continuar con la respuesta en mano.

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